El negocio brutal de la acogida de MENAs y la crítica a Vox por su supuesta traición
Recientemente, he recibido el testimonio de una oyente, María José, que expresa su profunda indignación y dolor ante lo que percibe como una traición por parte de Vox. Según ella, el partido está comenzando a negociar en algunas comunidades la llegada de menores no acompañados, lo que considera una renuncia a lo que fue su «bandera estrella»: el no acoger MENAs. La pregunta de María José es directa: ¿por qué ahora, si no se cumple la ley impuesta por «estos sinvergüenzas», qué pasa?
La frustración es palpable y nos lleva a una reflexión necesaria sobre el trasfondo de esta política de acogida. ¿Para qué le interesa a este gobierno la entrada de menores a España? A primera vista, los menores no pueden votar, lo que descartaría un interés electoral directo. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y, a mi juicio, mucho más oscura.
El «negocio brutal» de los MENAs
Desde hace tiempo, he sostenido que la acogida de menores no acompañados se ha convertido en un negocio brutal para un gran número de entidades. No hablo de la labor altruista de algunas personas, sino del entramado que se ha generado alrededor de esta situación. Un entramado donde las ONGs y grupos de apoyo afines al PSOE son los principales beneficiarios. No votan a Vox ni al PP; votan al PSOE. Esto no es una mera coincidencia, sino un mecanismo que, a la larga, genera réditos políticos.
La ecuación es sencilla y perversa: llega el menor a España y, en uno o dos años, se activa la reagrupación familiar. ¿A quién va a votar la familia entera que ha logrado reunirse gracias a esta acogida? Obviamente, a quien les ha facilitado esa situación. Esto es una realidad innegable para cualquiera que observe lo que sucede en Europa.
No hay más que mirar ejemplos como el de Suecia, donde la izquierda ha ganado elecciones por el voto mayoritario de la población de origen musulmán, o Berlín, donde la extrema izquierda, los comunistas de toda la vida, tienen el apoyo de grandes mayorías de población de origen turco. Negar esta dinámica es mentir o no tener ojos para ver.
Mafias y colaboracionistas españoles
Los MENAs no son solo un negocio lucrativo para organizaciones, sino, y esto es lo más grave, para las mafias que coordinan todo este tinglado de delincuentes. Hablo, concretamente, de las mafias marroquíes, que son, en muchos aspectos, peor que los esclavistas de los siglos XVI y XIX. Pero este negocio no sería posible sin los colaboracionistas españoles.
He recibido información de primera mano por parte de funcionarios de prisiones que debería ser investigada con la máxima seriedad. Es imperativo investigar a las ONGs, y hacerlo de manera financiera, porque algunas de ellas están dando consejos a los invasores para que la mejor forma de llegar a la península es delinquir. Así es, delinquir a través de delitos menores. ¿El objetivo? No pueden ser acogidos en Ceuta porque las cárceles están a rebosar. Los trasladan a Algeciras, donde la situación es idéntica, y de allí los mandan a cualquiera de las cárceles de la península. Se pasan dos o tres meses o cuatro en prisión provisional y, al salir, ¿dónde están? En la península. Es una estrategia calculada y perversa.
La actuación de estas ONGs es, en muchos casos, delictiva y debería ser investigada no solo financieramente, sino también por el tipo de colaboración o servicio que prestan a estas mafias de tráfico de personas. Porque, no nos engañemos, son mafias de tráfico de personas, y a veces, además, relacionadas con las otras mafias, las de las pateras, comunicándose entre ellas.
La imagen que algunos medios subvencionados por el régimen quieren dar del «pobre inmigrante» que lo pasa mal y busca oportunidades, aunque existan casos así, no refleja la totalidad de lo que está sucediendo. En Ceuta, por ejemplo, las fiestas nocturnas en la playa del Trampolín, con inmigrantes emborrachándose, abucheando a la policía y agrediendo a locales que graban, muestran una realidad donde se sienten dueños del lugar. Se han hecho fuertes, creen que es suyo. Si un español o ceutí les graba, te pegan la bronca, te tiran piedras. Les damos comida, móvil, wifi, les protegemos, y al final, se creen que eso es suyo.
Estamos en una guerra moderna, con elementos de guerra que no se habían utilizado hasta ahora. Han tomado la plaza de Ceuta y no la van a abandonar. Estos indecentes y malvados van a utilizar la verdadera emigración, aquella sometida a situaciones económicas perversas, para mezclarla con todos los invasores que son los que realmente les interesan. Y será prácticamente imposible discernir entre una situación de verdadera necesidad y una invasión calculada. Estamos en un estado de guerra sin declararse, y lo peor es que el enemigo cuenta con la ayuda de nuestro propio gobierno, que actúa como un verdadero cómplice.
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