Jamás en democracia la sociedad civil había movilizado a tantos españoles
Lo ocurrido este sábado en Madrid no fue una manifestación más. Y quien intente reducirlo a una protesta convencional no ha entendido nada de lo que pasó realmente en las calles de la capital de España.
Lo que vimos fue algo que, sinceramente, jamás había ocurrido en democracia. La sociedad civil, sin siglas, sin estructuras de partido, sin sindicatos, sin grandes medios empujando detrás, logró movilizar a cientos de miles de personas hasta las puertas de La Moncloa.
Y eso les ha provocado miedo.
Mucho miedo.
Porque durante décadas nos hicieron creer que la calle solo podía llenarse si la convocaban los partidos tradicionales, si había autobuses organizados, escenarios, conciertos, consignas prefabricadas y minutos de televisión preparados de antemano.
Pero esta vez no hubo nada de eso.
No había discursos.
No había líderes monopolizando el acto.
No había música ni espectáculo.
No hubo escenario final.
No hubo parlamento político.
Solo había ciudadanos.
Ciudadanos hartos.
Ciudadanos que decidieron salir a decir basta.
Cada uno llevaba su reivindicación. Algunos protestaban contra la corrupción. Otros contra la degradación institucional. Otros contra el deterioro económico, el control político de los medios públicos o el ataque constante a las libertades.
Y, pese a esa enorme diversidad, ocurrió algo extraordinario: la marcha fue ejemplar.
Respeto absoluto.
Civismo absoluto.
Libertad absoluta.
Eso es precisamente lo que no esperaban.
Durante semanas intentaron silenciar la convocatoria. Los grandes medios apenas hablaron de ella. Algunos directamente la despreciaron. Otros trataron de ridiculizarla antes de que ocurriera.
Y cuando comprobaron que aquello iba camino de convertirse en un éxito histórico, entonces intentaron apropiarse del movimiento.
Porque eso también ocurrió.
Partidos que no apoyaron la convocatoria, que no publicaron un solo mensaje previo animando a acudir, aparecieron a última hora intentando hacerse la foto. Algunos medios llegaron incluso a presentar la marcha como una convocatoria de determinadas siglas políticas, cuando cualquiera que estuviera allí pudo comprobar que aquello era mucho más grande que cualquier partido.
La realidad fue otra.
Más de 150 asociaciones, colectivos y ciudadanos anónimos impulsaron una movilización nacida desde abajo, organizada principalmente a través de redes sociales, canales alternativos y programas independientes.
Y eso cambia muchas cosas.
Porque demuestra que ya no tienen el monopolio del relato.
Durante años se han gastado millones en publicidad institucional, en subvenciones mediáticas y en construir una maquinaria de propaganda destinada a fabricar una realidad artificial. Pero hay algo que sigue siendo imposible controlar completamente: la percepción de la gente cuando siente que su país se degrada delante de sus ojos.
Por eso el sábado fue tan importante.
No solo por la cantidad de personas que acudieron.
No solo por el recorrido.
No solo por el simbolismo de llegar hasta el entorno de La Moncloa.
Fue importante porque la sociedad civil descubrió que puede movilizarse sin pedir permiso.
Y eso marca un antes y un después.
Muchos ciudadanos que nunca habían acudido a una protesta terminaron caminando bajo el calor de Madrid durante kilómetros simplemente porque sienten que España atraviesa una situación insostenible.
Había jóvenes.
Había mayores.
Había familias completas.
Había votantes de distintas ideologías.
Y todos compartían una sensación común: que las instituciones han dejado de escuchar a la gente corriente.
Por eso algunos están tan nerviosos.
Porque ya no basta con controlar los platós de televisión o repartir etiquetas ideológicas para desacreditar cualquier protesta incómoda.
La calle habló.
Y habló sin intermediarios.
💬 Tu opinión cuenta: participa en los comentarios
