Montero descubre el plan de reemplazo secreto

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Hoy ya no hablamos de teorías. Hablamos de palabras textuales, pronunciadas sin rubor por una exministra y exvicepresidenta del Gobierno de España.
Cuando Irene Montero dice que desea un reemplazo y lo dice pidiendo a personas migrantes que “barran” a una parte de la población española, no hay ironía posible. Hay intención política.

Después, como siempre, su partido corre a matizar, a pedir disculpas, a decir que no la hemos entendido.
Curioso: nunca se equivoca ella, siempre el oyente.
Pasó con la ley del “solo sí es sí”. Pasó cuando habló de sexualidad infantil. Pasa ahora.

Pero esta vez hay algo distinto: lo ha dicho demasiado claro.

La llamada “teoría del gran reemplazo”, que tanto demonizan cuando la pronuncia otro, es exactamente el plan que están ejecutando. Y no desde ayer.
Desde Zapatero comenzó una regularización masiva. Con Pedro Sánchez, el proceso se acelera como nunca antes: un millón de inmigrantes regularizados en siete años, sin controles efectivos, sin exigencia de cualificación, sin verificación real de antecedentes.

¿El objetivo? Votos.
Votos de quien acaba de llegar, de quien depende del político que le da papeles, ayudas y promesas de nacionalidad exprés. Lo dicen ellos mismos: primero regularización, luego nacionalidad, después voto. Si hace falta, cambiarán la ley. Ya lo han hecho antes.

Mientras tanto, no se apoya la natalidad de las madres españolas. Se sustituye.
Uno de cada tres niños que nacen hoy en España es de madre extranjera. En Cataluña se detectan prácticas culturales incompatibles con los derechos fundamentales. Se permite que profesores enviados y pagados por Marruecos adoctrinen en aulas públicas españolas.
Y todo esto, financiado y tolerado por el Estado.

Esto no es integración. Es ingeniería demográfica.
No ciudadanos: súbditos.
No cohesión: fragmentación.
No convivencia: dependencia política.

Y no, no es casualidad que quienes impulsan este modelo admiran y financian dictaduras, desde Caracas hasta Teherán. Cuando uno entiende de dónde vienen, entiende hacia dónde van.

Hoy Irene Montero ya es pasado político.
Pero el plan sigue activo.
Y quienes lo ejecutan siguen gobernando.

Ahora que el propio poder ha verbalizado lo que antes negaba, ya no queda la excusa de la ingenuidad.
Sabemos el objetivo. Sabemos el camino.
Lo único que queda por decidir es si los españoles lo aceptan… o lo frenan.

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