“Vamos a juzgar a un todopoderoso banco”: el día en que BBVA se sienta en el banquillo

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Hay momentos en los que la justicia deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un hecho concreto. Este es uno de ellos. Por primera vez, un gran banco europeo —BBVA— se enfrenta a un juicio en el que se habla sin rodeos de organización criminal, espionaje, persecución y abuso de poder.

No lo dice un activista ni un tertuliano. Lo dice Luis Pineda, ex presidente de Ausbanc, un hombre que pasó tres años en prisión preventiva, fue absuelto y hoy vuelve para señalar a quien, según su relato, orquestó su destrucción personal y profesional: Francisco González, entonces presidente del BBVA.

Los hechos que llegan a juicio

Luis Pineda fue absuelto en marzo de 2024 de los principales delitos por los que se le encarceló. La causa que hoy avanza es otra: la que señala al BBVA y a su cúpula de haber contratado durante trece años a empresas vinculadas al comisario Villarejo, con pagos que rondarían los diez millones de euros entre 2004 y 2017.

El objetivo, según Pineda, era claro: acabar con Ausbanc y con él personalmente.

Cinco testigos clave han fallecido durante los años de retrasos procesales. Aun así, el juicio llega. Francisco González se sentará en el banquillo.

Qué fue Ausbanc y por qué molestaba

Conviene recordarlo. Ausbanc no era una asociación subvencionada, ni dependiente de partidos, sindicatos o bancos. Vivía de sus propios recursos y de su actividad.

Entre otros hitos, contribuyó a acabar con la cláusula suelo, cambió la normativa hipotecaria para evitar abusos en ejecuciones, forzó la transparencia en cajeros automáticos y terminó con prácticas como el redondeo abusivo en cuotas y llamadas.

Era incómoda. Y lo era porque funcionaba.

Villarejo, el método y la persecución

En su intervención, Pineda no se anda con eufemismos. Describe a Villarejo como un instrumento, no como el cerebro. El núcleo, insiste, estaba en la dirección del banco.

Habla de dossiers masivos, informes falsos, pinchazos telefónicos, boicots a actos públicos, inspecciones fiscales interminables y expulsiones administrativas que acabaron con Ausbanc fuera del registro de asociaciones.

Todo, según su versión, coordinado desde una “mesa de crisis” donde confluirían intereses policiales, administrativos y judiciales.

El alcance penal

Lo que se juzga no es menor. El Código Penal contempla incluso la disolución de la persona jurídica en casos de criminalidad grave.

Pineda pide que el BBVA no pueda contratar con el Estado, no reciba subvenciones y no goce de privilegios institucionales. No busca, dice, venganza. Busca precedente.

Porque si un banco puede hacer esto y no pasa nada, el sistema deja de ser confiable.

Diez años después

Han pasado diez años desde el golpe contra Ausbanc. Diez años de ruina económica, deudas acumuladas, proyectos truncados, revistas cerradas, investigaciones científicas abandonadas.

Y aun así, Pineda vuelve con una idea fija: demostrar que la justicia existe y que nadie está por encima de la ley, ni siquiera un banco sistémico.

Lo que empieza ahora no es un juicio más. Es una prueba de estrés para el Estado de derecho.

Si un todopoderoso banco puede ser juzgado, algo se mueve.
Si no lo es, todo queda dicho.

Aquí estaremos para contarlo. Sin filtros. Sin miedo.

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