Sánchez sigue la hoja de ruta de Hugo Chaves para perpetuarse en el poder

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Pedro Sánchez está copiando con la nacionalización masiva lo que hizo Hugo Chávez para ganar el referéndum revocatorio de 2004. Chávez lo llamó Misión Identidad y consistía, básicamente, en nacionalizar a extranjeros en plena batalla política para asegurarse un voto cautivo.

Entonces muchos no quisieron verlo. Hoy ya no hay excusa.

Hugo Chávez aceptó aquel referéndum porque antes había preparado el terreno. La oposición venezolana consiguió convocar una consulta para decidir si el presidente debía seguir o abandonar el poder. Y Chávez, que no improvisaba en estas cosas, se aseguró antes de contar con una bolsa electoral decisiva.

En pocos meses se nacionalizaron cerca de 300.000 personas, la mayoría colombianas. Después llegó el referéndum, el resultado favorable, el barniz democrático y la continuidad en el poder. Chávez obtuvo casi el 60% de los votos y siguió gobernando. Estuvo en el poder hasta su muerte y el chavismo, que él puso en marcha, sigue mandando en Venezuela décadas después.

Ese es el mecanismo: no hace falta eliminar las elecciones si puedes alterar el cuerpo electoral, controlar el relato y presentarlo todo como una fiesta democrática.

Los países con dictaduras más consolidadas suelen convocar elecciones una y otra vez. Cuba ha celebrado numerosos procesos electorales. Venezuela también. ¿Para qué? Para lo mismo: para fabricar apariencia de democracia donde lo que existe es un sistema diseñado para que el poder no cambie nunca de manos.

Y ahora miren España.

Sánchez está haciendo exactamente lo mismo con la Ley de Nietos y con una política de nacionalizaciones acelerada. Se está ofreciendo la nacionalidad española a personas que no han vivido en España, que no han pagado impuestos aquí, que no conocen necesariamente nuestra Constitución, nuestras costumbres ni nuestra historia, pero que podrán convertirse en ciudadanos con derecho a voto.

Se habló de cifras muy graves: peticiones que se acercan ya a los 2,6 millones de personas, nacionalizaciones a un ritmo de 20.000 al día y un despliegue acelerado en consulados y embajadas para completar el proceso en los próximos meses.

La pregunta es evidente: si no te votan los españoles de dentro, ¿buscas que te voten los de fuera?

La escena vista en la embajada de España en Barquisimeto, Venezuela, resume perfectamente lo que está ocurriendo. Un acto solemne, con juramento de la Constitución española, himno y adquisición de la nacionalidad. Todo presentado como un trámite administrativo noble, emotivo y legal. Pero detrás hay una derivada política enorme.

Porque quien recibe una nacionalidad también recibe expectativas: protección, ayudas, pensiones, subsidios, derechos y acceso a un país europeo. Y eso, en determinados contextos, puede convertirse en una poderosa herramienta electoral.

No se trata de negar la historia de familias españolas en América ni de despreciar a quienes sienten una vinculación real con España. Se trata de denunciar un posible uso político de la nacionalidad. La nacionalidad no puede convertirse en una papeleta electoral diferida.

El equipo jurídico de la Asociación por la Reconciliación y la Verdad Histórica ya ha llevado esta cuestión a los tribunales. Su tesis es clara: esta normativa abre un coladero jurídico y político. Sostienen que la nacionalidad española exige también obligaciones, conocimiento del país y una relación real con España. No basta con invocar un vínculo remoto de generaciones anteriores para alterar de golpe el censo electoral.

El problema no es menor. Hablamos de millones de nuevos ciudadanos potenciales. Hablamos de voto. Hablamos de poder. Hablamos de la posibilidad de condicionar futuras elecciones generales desde fuera de España.

Y todo esto ocurre mientras se habla de una posible convocatoria electoral antes de la fecha ordinaria de 2027. También se comentó que los sindicatos del régimen, especialmente UGT y Comisiones Obreras, podrían calentar la calle en otoño para aparentar que la izquierda sigue teniendo una fuerza social que las encuestas ya no muestran.

El patrón es demasiado reconocible.

Primero se controla el relato. Después se tensan las instituciones. Luego se movilizan las estructuras subvencionadas. Y, finalmente, se altera el tablero electoral lo suficiente para que el resultado parezca democrático aunque el proceso esté profundamente condicionado.

Eso hizo Chávez. Eso permitió al chavismo perpetuarse. Y eso es lo que ahora debemos mirar de frente en España antes de que sea tarde.

La nacionalidad española no puede utilizarse como instrumento de supervivencia política. El censo electoral no puede convertirse en una herramienta de ingeniería de poder. Y las elecciones no pueden quedar reducidas a una puesta en escena para legitimar decisiones tomadas mucho antes.

Si alguien cree que exageramos, que mire Venezuela. Allí también empezó todo envuelto en palabras nobles: identidad, pueblo, justicia, reparación, democracia. Después llegaron el control, la pobreza, la represión, el narcotráfico, la expulsión de la DEA, el cártel de los Soles y un régimen que todavía hoy impide a su pueblo vivir en libertad.

España aún está a tiempo de evitar ese camino. Pero para evitarlo hay que decirlo claro: la nacionalización masiva puede convertirse en una forma de fraude democrático si se usa para alterar el censo electoral y perpetuar a un gobierno en el poder.

Lo que más se analizó en el programa

  • La situación en Venezuela tras el terremoto, con denuncias de falta de respuesta oficial y vecinos intentando rescatar a personas bajo los escombros.
  • Los testimonios sobre bloqueos a médicos, voluntarios y camiones con ayuda humanitaria en zonas afectadas.
  • Las críticas al papel de militares y cuerpos de seguridad venezolanos, acusados de obstaculizar y controlar la ayuda.
  • La comparación entre la rapidez de la UME para viajar a Venezuela y la falta de actuación inmediata durante la DANA en Valencia.
  • La denuncia de manipulación mediática sobre Delsy Rodríguez y el intento de presentar al régimen venezolano como coordinador eficaz de la emergencia.
  • Las críticas a UGT y Comisiones Obreras por no movilizarse contra la corrupción que afecta al entorno del Gobierno.

Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en el canal de YouTube de Albert Castillón.

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