Venezuela tras el terremoto: médicos y voluntarios denuncian que no les dejan pasar ayuda
Venezuela vuelve a vivir una tragedia dentro de otra tragedia. Primero llegó el terremoto. Después, la respuesta del régimen.
Han pasado casi 96 horas desde los movimientos sísmicos más fuertes, especialmente en el estado Vargas, y la denuncia que llega desde allí es brutal: la respuesta natural que se espera de un gobierno no se ha dado. Quienes están intentando salvar vidas no son las instituciones, sino vecinos, familiares, voluntarios, médicos y ciudadanos organizados.
Son ellos quienes, sin herramientas suficientes, sin maquinaria pesada y sin los insumos necesarios, están poniendo corazón, alma y manos para tratar de rescatar a personas que todavía pueden estar vivas bajo los escombros.
Y mientras eso ocurre, el régimen pone obstáculos.
La periodista Morela Rodríguez lo explicó con claridad desde Caracas: los familiares de las víctimas no están recibiendo la ayuda que deberían recibir de un gobierno responsable. La sociedad civil se ha convertido en la primera línea de rescate porque las instituciones no han organizado una respuesta eficaz.
Pero lo más grave no es solo la ausencia de respuesta. Lo más grave es el bloqueo.
Médicos cargados de ayuda denunciaron que no les permitían avanzar hacia las zonas afectadas. Uno de ellos, el doctor Fernando Bastardo, explicó que viajaba junto a compañeras médicas, una cirujana y una ginecoobstetra, con insumos médicos, alimentos y ropa. Sin embargo, les informaron de que, a partir de determinado punto, no había paso hacia el hospital. No querían dejar pasar vehículos.
Eso no es coordinación. Eso es impedir la ayuda.
También se denunciaron largas colas de voluntarios a los que se les cerraban las puertas. Personas que querían ayudar, ciudadanos que querían entrar en la zona cero, camiones con comida, medicinas, ropa y material humanitario. Y, aun así, el régimen exigía controles, permisos y salvoconductos imposibles.
Desde la sede de Vente Venezuela en Bejucal se denunció que varios camiones llenos de ayuda no podían salir porque les pedían un salvoconducto que debía tramitarse en el otro extremo de Caracas. Gente llegada desde Barquisimeto, Yaracuy, Táchira y otras zonas del país se encontraba retenida con camiones completos de ayuda humanitaria.
Ese es el retrato: ciudadanos organizados para ayudar y un poder empeñado en controlar hasta el último paquete de comida.
¿Por qué impiden que llegue la ayuda?
La respuesta de Morela Rodríguez fue directa: porque el régimen quiere control. No quiere que se vea lo que no hace. No quiere que nadie actúe fuera de sus estructuras. No quiere que la ayuda llegue directamente a la gente si no pasa antes por sus manos, por sus centros de acopio, por sus mecanismos políticos.
Se denunció incluso que ciertos insumos debían entregarse en centros vinculados al partido del régimen. Y eso confirma una idea terrible: en Venezuela, hasta la tragedia se administra políticamente.
El pueblo quiere ayudar. Los médicos quieren entrar. Los voluntarios quieren rescatar. Los ciudadanos quieren llevar agua, alimentos, medicamentos y ropa. Pero el régimen parece más preocupado por controlar la imagen que por salvar vidas.
Por eso se intenta impedir también que se grabe. Porque las imágenes cuentan lo que el poder quiere ocultar: heridos trasladados en moto, personas atrapadas bajo los escombros, cuerpos apilados, ropa mojándose bajo la lluvia por falta de organización y zonas afectadas que no reciben atención suficiente porque no tienen focos mediáticos encima.
No solo se habló de La Guaira. También llegaron avisos de zonas como Carabobo, Yaracuy y el camino hacia Falcón, donde también se habrían sufrido daños importantes y donde el movimiento de ayuda no parecía corresponderse con la gravedad de la situación.
El problema es que la ayuda se mueve muchas veces hacia donde apuntan las cámaras. Y cuando una zona queda fuera del foco, también puede quedar fuera de la asistencia.
La tragedia venezolana muestra de nuevo la naturaleza de un régimen que no entiende la ayuda como un deber, sino como una herramienta de control. En una emergencia, un gobierno decente abre puertas, pide ayuda internacional, facilita corredores humanitarios, protege a los médicos y coordina a los voluntarios. En Venezuela, según los testimonios recogidos, se levantan barreras, se exigen permisos y se impide el paso.
Mientras tanto, los vecinos siguen intentando sacar a gente con vida. Los médicos siguen intentando llegar. Los voluntarios siguen organizándose. Y los familiares siguen esperando respuestas.
Venezuela no necesita propaganda. Necesita rescate, alimentos, agua, medicinas, maquinaria, hospitales operativos y libertad para que quienes quieren ayudar puedan hacerlo.
Porque cuando un gobierno bloquea la ayuda en medio de una catástrofe, la catástrofe deja de ser solo natural. Se convierte también en una catástrofe política y moral.
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Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en el canal de YouTube de Albert Castillón.
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