Luis Losada denuncia el silencio de la Asociación de la Prensa ante el caso Vito Quiles

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Luis Losada introdujo en el programa un debate incómodo para el propio periodismo: “Es lamentable que la Asociación de la Prensa no defienda a Vito Quiles”. Su frase apuntó directamente a una cuestión de fondo: qué ocurre cuando las organizaciones profesionales guardan silencio ante el hostigamiento a un periodista incómodo.

La intervención de Losada no fue una defensa acrítica de todo lo que hace Vito Quiles. De hecho, también incorporó matices sobre determinados episodios y sobre el impacto que algunas decisiones pueden tener en la credibilidad del propio periodista. Pero precisamente por eso su reflexión resultó más relevante. No se trataba de convertir a Quiles en intocable, sino de recordar que la libertad de prensa no puede depender de simpatías personales o afinidades ideológicas.

El programa presentó el caso de Vito Quiles como un síntoma de un problema mayor: la soledad de quienes hacen preguntas que incomodan al poder. Según se planteó, una parte del ecosistema mediático reacciona con frialdad, distancia o incluso satisfacción cuando el señalado pertenece a un espacio que no considera propio.

Losada criticó ese doble rasero. Si un periodista es perseguido, desacreditado o señalado, la primera reacción de una asociación profesional debería ser defender el principio, no examinar si el afectado cae bien o mal. La defensa de la libertad de prensa no puede activarse solo cuando el periodista encaja en el canon ideológico dominante.

El silencio corporativo fue uno de los ejes de la conversación. En el programa se habló de medios que no se atreven a disentir, de periodistas que evitan determinados temas y de una prensa que, según se denunció, ha perdido coraje frente al poder político. En ese contexto, la falta de una defensa clara de Quiles se presentó como un síntoma de deterioro profesional.

La cuestión central es sencilla: si las asociaciones de prensa no protegen el derecho a preguntar cuando el periodista es incómodo, ¿para qué sirven? Defender a un periodista no implica avalar cada una de sus decisiones. Implica reconocer que el poder no puede convertirlo en objetivo por ejercer su oficio.

Losada también introdujo una advertencia sobre la credibilidad. Señaló que determinados comportamientos pueden perjudicar al propio Quiles en algunos episodios concretos. Ese matiz es importante porque evita una lectura simplista. La libertad de prensa no elimina la responsabilidad profesional. Pero la responsabilidad profesional tampoco justifica el abandono corporativo.

El programa situó esa tensión en el centro del debate: se puede exigir rigor a un periodista y, al mismo tiempo, rechazar que sea sometido a una campaña de destrucción pública. Una cosa no cancela la otra. La crítica legítima no puede convertirse en excusa para mirar hacia otro lado cuando se cruzan líneas peligrosas.

La intervención de Losada dejó una pregunta incómoda para todo el sector: ¿la prensa española defiende la libertad de prensa o defiende solo a los periodistas aceptados por el consenso dominante? La respuesta importa porque marca el tipo de democracia que se está construyendo.

Si el periodismo se convierte en una profesión de obediencia, si las asociaciones callan ante el periodista incómodo y si los medios solo protegen a los suyos, entonces la libertad de prensa queda reducida a una consigna vacía. Y una consigna vacía no protege a nadie.

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