Están reemplazando la cultura española por la marroquí en las escuelas públicas
Hay declaraciones que no son opinables porque describen hechos. Y cuando esos hechos afectan a la educación pública, conviene escucharlos con atención.
En el programa he hablado con Elena Ramallo, doctora en Derecho, y lo que explica no es una percepción subjetiva: en determinadas comunidades autónomas se está enseñando cultura marroquí en colegios públicos españoles, mientras nuestra propia cultura queda arrinconada.
No estamos hablando de convivencia ni de integración. Estamos hablando de sustitución cultural. Y eso tiene consecuencias jurídicas, sociales y políticas.
Durante la conversación, Elena Ramallo explica que en Aragón se imparte cultura marroquí en centros públicos, una decisión tomada bajo un gobierno autonómico del Partido Popular, recordando que las competencias educativas están transferidas a las comunidades autónomas.
El planteamiento oficial es que se trata de integración. Pero la pregunta es evidente:
¿por qué se integra a los alumnos en una cultura extranjera en lugar de integrarlos en la cultura del país que los acoge?
Ramallo señala además una doble vara de medir:
– La religión islámica puede aplicarse en centros educativos.
– El cristianismo o cualquier manifestación cultural propia se considera un atentado a la libertad religiosa.
A esto se suman sentencias judiciales que permiten, por ejemplo, el uso del velo islámico en clase, incluso cuando contradice el reglamento interno del centro, mientras se blanquean situaciones como el empadronamiento ilegal en propiedades privadas.
El argumento final es claro: no existe reciprocidad. En países como Marruecos, una menor española no podría ir al colegio con el pelo suelto ni comer cerdo en un comedor escolar. Aquí, sin embargo, todo se permite.
Cuando un país renuncia a transmitir su cultura en la escuela, no integra: se diluye.
Y cuando eso ocurre con dinero público, el problema deja de ser educativo y pasa a ser estructural.
Carta al Rey Felipe VI: una petición ciudadana
Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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